domingo, 17 de marzo de 2013

Hoy me he dado cuenta de que me gustan las flores.

Siempre me había parecido algo inútil... Una flor.
Además, no me gustan las cosas que caducan. Mientras las flores mueren, las palabras se quedan escritas. He preferido regalar cartas.
Pero hoy, en una de mis conversaciones conmigo misma, he llegado a la conclusión de que, en el fondo muy hondo, me encantan.

Guardo una magnolia, una rosa y tres claveles en una caja; un pensamiento -se llama así, no es ninguna metáfora- en un diccionario. Me identifico con la primera flor y me llenó de alegría el ramo de flores blancas de estas navidades.

Las flores no se regalan en san Valentín ni en el aniversario.
Las flores son vidas que deberían entregarse todos los días.

Según una bruja, mi flor era el tulipán. Y a mí eso siempre me ha sonado a mantequilla...

Anita, la niña de las rosas rosas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario